Que unos troncos de pino, de nuestros bosques sorianos, pervivan en esta iglesia de Torrubia durante cuatro siglos, que ellos fueran conociendo generaciones de torrubienses, silenciosos, quietos desde este Retablo Mayor, es algo que nos conmueve.
Allá, en el campo, los pinos con sus copas nos alivian con su sombra, y aquí, en la parroquia, por obra y gracia de unas manos de artístas artesanos, nos acarician y reconfortan.
Hoy, esta mirada de tiempos pretéritos nos reanima, a la vez que con ello, rendimos homenaje vivo y merecido a nuestros antepasados que nos regalaron esta muestra de fervor y arte.
Sus imágenes nos han estado hablando, nos han estado contemplando, nos están contemplando a cambio de nuestras plegarias que no cesan.
Ahora las vemos con sus coloridos y movimientos expresivos, y pensamos, ¿fueron los nobles, los obispos, el pueblo? Da igual pero es ahora cuando podemos disfrutar de tan preciado regalo, y esta historia o misterio que esconde y desvela a la vez nos eleva los caorazones envolviéndonos en piedades de otros tiempos realmente imaginarios.
El pueblo, siempre poético, es aficionado a traspasar los pensamientos en imágenes, y quizá observando la diferencia en hechuras de las figuras que componen este Retablo, nos lleva a lo fantástico, a aquella leyenda pasada de padres a hijos, en el sentido de que maestro y discípulo confeccionaron tan singular obra, y el maestro, sintiéndose mejorado por el alumno, lo mandó matar.
Sea leyenda o realidad, ciertamente hay diferencias, pero sería muy difícil elegir entre la expresividad de unas figuras realistas en movimiento o la belleza angustiada de otras, que realmente emocionan, o tal vez desesperan.
El bien o el mal, he ahí el tema, que representado por esa esbelta y bella escultura de San Miguel Arcángel, sería la enseñanza, su verdadero propósito.
Aunque acaso sea la parte humana de Dios, Jesús de Nazaret, que desde niño está predestinado, o con un final pactado mediante esa figura donde el Niño Dios en el regazo de su madre recibe la cruz que le entrega un ángel.
Así, en los distintos pasajes iremos leyendo diferentes momentos de la Pasión del Señor, sufriremos cuando lo atan de pies y manos, cuando lo lancean, y padeceremos, una y otra vez, cuando cae con la cruz, y se levanta como puede. Y estaremos seguros de reconocernos en alguno de los malos allí representados, mas intuimos estar interpretando el papel del teatro de la vida y sentimos que ese Gran Niño-Dios y su Madre nos bendicen.
Raimundo Lozano
